Homeopatía

¿Qué opinan de las vacunas?

 Si bien las vacunas actúan de acuerdo al principio de similitud (se trata el mal con el mismo mal), no se ajustan a las leyes de curación que rigen la terapéutica homeopática. La vacunación consiste en la inoculación de gérmenes o toxinas atenuadas en su virulencia, para hacer al organismo inmune a la enfermedad que ellos son capaces de producir.

Se logra así una inmunidad parcial a costa de una susceptibilidad general, o diátesis, que lo predispone a enfermedades crónicas, de las cuales no sería ajeno el incremento del cáncer en nuestros días. Alexis Carrel, premio Nobel de medicina, se expresa así en La Incógnita del Hombre: “La medicina se halla lejos de haber disminuido los sufrimientos humanos tanto como pretende hacernos creer. Es cierto que el número de muertes por enfermedades infecciosas ha disminuido grandemente, pero aun nos morimos en proporción mucho mayor de enfermedades degenerativas. Los años de vida que hemos ganado por la supresión de la difteria, la viruela, la fiebre tifoidea, etc., están pagados con largos sufrimientos y muertes lentas producidas por las afecciones crónicas. Las enfermedades no han sido dominadas, han cambiado simplemente de naturaleza”.

 

Robert Mendelsohn, famoso pediatra norteamericano y Presidente del Comité de Licencias Médicas del Estado y profesor Asociado de Medicina Preventiva y Salud Comunitaria de la universidad de Illinois escribió: “Existe una creciente sospecha de que la inmunización contra las relativamente inocuas enfermedades infantiles puede ser responsable por el aumento dramático de enfermedades auto inmunológicas desde que se introdujeron las inoculaciones masivas. Son las terribles enfermedades tales como el cáncer, leucemia, artritis reumatoidea, esclerosis múltiple, la enfermedad de Gehrig, el lupus eritematoso y el síndrome de Gillain‑Barré. Podemos explicar simplemente una enfermedad auto inmunológica como una condición en la cual los mecanismos defensivos del cuerpo no distinguen entre los invasores extraños y los tejidos corporales ordinarios, con la consecuencia  que el cuerpo comienza a destruirse. ¿Habremos trocado las paperas y el sarampión por el cáncer y la leucemia?”.

 

El homeópata logra, a través de su terapéutica constitucional o de terreno, una inmunidad total, pero a condición de que prescriba el medicamento simillimum, es decir, el remedio único que ponga al organismo en condiciones de equilibrio energético, que se traduciría en un equilibrio psico‑biológico.

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