Homeopatía

LA ENFERMEDAD, EL ENFERMO

Las escuelas médicas modernas coinciden con el aforismo hipocrático: “no existen enfermedades sino enfermos”. Pero la única escuela que pragmáticamente demuestra este aserto es la homeopática, en virtud de la acción del medicamento homeopático, el cual está dirigido al enfermo como totalidad, integrada por síntomas de las tres esferas o planos del enfermo:

Plano mental o psíquico

Plano funcional

Plano orgánico

A su vez estos tres planos, están regidos por la energía vital, centro o principio inmaterial, a partir del cual nos enfermamos o nos curamos. De hechos objetivables tales como la patogenesia o la curación integral y unitaria del enfermo (por un solo remedio) se infiere que “todo lo psíquico es físico y todo lo físico psíquico”, máxima que señala que ambos son aspectos de una misma realidad. Cuando nos enfermamos lo hacemos con la mente y con el cuerpo, en forma simultánea. Es absurdo considerar que puedan coexistir un órgano sano y otro enfermo o un cuerpo enfermo con una mente sana. “Se tiene una enfermedad porque se está enfermo; no se está enfermo porque se tiene una enfermedad”. Una úlcera de estómago, un eczema o un reumatismo, no son la enfermedad; son simplemente síntomas de una enfermedad general del organismo.

Transcribimos a continuación, un párrafo del libro Filosofía Homeopática” de Kent, que sintetiza magistralmente el concepto de enfermo:

“¿Qué entendemos nosotros por enfermo?…Un hombre enfermo es al que hay que restituir la salud, y no a su cuerpo o a sus tejidos. Muchos de ellos vendrán a deciros: ”Yo estoy enfermo”. Llenareis de ellos, hojas de síntomas, páginas de sufrimientos. Tienen el aspecto enfermo. Hasta os dirán: “He consultado a los doctores más eminentes”. “Me examinaron el pecho”. ”He visto a un neurólogo”. “Mi corazón ha sido auscultado por el especialista renombrado”. “El oculista ha examinado mis ojos”. “El ginecólogo mi útero”, dirá la mujer. ”La ciencia médica me ha examinado de la cabeza a los pies y me ha dicho que no estoy enfermo. Que yo no tengo ninguna enfermedad. ¡Cuántas veces he escuchado historias parecidas después de haber llenado tres o cuatro hojas de síntomas!… ¿Qué significa esto?…Sé bien que si este estado del enfermo continúa, llegaremos a tener pruebas evidentes de la enfermedad, es decir que el patólogo las hallará. Actualmente, las eminencias médicas proclaman que el sujeto no está enfermo. Pero — interrogo al individuo — ¿qué quieren decir todos estos síntomas?…”No duermo por las noches, tengo dolores, mis deposiciones no son normales”.

Pues bien “es usted un estreñido”. He aquí el punto de partida del diagnóstico. Pero ¿es que todo los síntomas de que se queja el individuo existen sin tener una causa de enfermedad: el “diagnóstico” se establecerá por una de las muchas opiniones. ¡Tal es el carácter de la vaguedad de la antigua escuela (alopatía)…!

Estos síntomas no son sino la voz de la Naturaleza que revela con claridad meridiana la naturaleza íntima del hombre o la mujer enferma. Si este estado continúa y el pulmón se quebranta, el médico le dirá al enfermo: “Ah! ahora usted está enfermo de tuberculosis. Si el cambio celular está en el hígado, dirá: ”Oh! Ahora tiene usted una degeneración grasosa del hígado”, si la albúmina aparece en la orina, dirá al enfermo: “Ahora puedo anunciarle que usted está afecto de una de las formas de enfermedad de Bright (nefritis). ¿No es una falta de sentido afirmar que antes de la localización de la enfermedad, no estuviese el sujeto ya enfermo?… ¿No es de ver lo absurdo de esta ciencia que nunca ve que el sujeto está enfermo mientras tal o cual de sus órganos no está materialmente afectado?… ¿No está claro a vuestros ojos que este individuo ha estado enfermo, quizá muy enfermo desde su infancia?…Tomad por ejemplo un niño nervioso: tiene sueños espantosos, espasmos, un sueño agitado, excitación nerviosa, manifestaciones histéricas y, no obstante, si examinamos sus órganos, no hallaremos uno que esté afectado. Dejad a los síntomas de  este niño nervioso seguir su curso durante veinte o treinta años, al cabo de los cuales hallaréis que sus órganos están atacados, lesionados. ¿No es cierto que este niño estaba ya enfermo desde que lo visteis por primera vez?…Estaba enfermo en el principio vital que lo anima. En otras palabras la fuerza dinámica que da vida está perturbada, así en los trastornos funcionales como en los desórdenes estructurales de su organismo. Antes que una patología, tenemos una fisiología desarreglada, cuyo origen remonta al principio vital desordenado o perturbado.

Los tejidos no se hubieran vuelto enfermos, a menos que algo anterior a ellos (algo que los rige), no se hubiese perturbado, volviéndolos enfermos.”

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