Homeopatía

Apuntes sobre Curación y Sanación

Autor: Luis Detinis.

En un trabajo sobre curación que presenté, hace dos años, en el Congreso Internacional de Homeopatía realizado en Buenos Aires, definía, según el diccionario, el vocablo sanar, como el restablecimiento de la salud y curar la aplicación de medicamentos. Hoy quiero extenderme en estos conceptos luego de haber investigado in situ el trabajo de sanadores con gran poder curativo. Hahnemann en los parágrafos 288; 289 y 290 del Organón, reconoce la utilidad del magnetismo, fuerza curativa negada y desdeñada tan estúpidamente por una centuria, según sus propios términos. Hahnemann señala la existencia de magnetizadores (sanadores) dotados de gran poder natural, capaces de curar úlceras antiguas, amaurosis, parálisis parcial, etc.

Uno de los propósitos de esta comunicación, es establecer, la relación y los puntos de contacto entre la sanación y los resultados que se logran con la terapéutica homeopática.

Curación y sanación; similar y simillimum

Según los conceptos modernos sobre sanación, se cura la enfermedad, se sana al enfermo. Sanar es obtener la salud del cuerpo, de la mente, las emociones y el espíritu. Con el medicamento homeopático similar se cura (aunque en algunos casos se suprime y se produce una metástasis mórbida profundizando la enfermedad), mientras que con el simillimum se sana, ya que la sanación implica una recuperación permanente o al menos duradera, una maduración psicológica y un crecimiento espiritual.
La cura a través de un remedio similar, la extirpación de un tumor o cualquier medio paliativo, no son suficientes para lograr la sanación, pero sí pueden iniciar o facilitar los propios mecanismos autosanadores. Digo autosanadores porque no existen terapeutas sanadores, sólo existen terapeutas estimuladores de la propia sanación del enfermo. Del mismo modo, lo único que hace el medicamento homeopático, es estimular los propios mecanismos sanadores. Hipócrates escribió: “La fuerza curativa natural que habita dentro de cada uno de nosotros es la mayor arma de que disponemos para recuperarnos.”

El maestro Paschero, insistía en sus clases, que la prescripción del remedio homeopático no es todo ni suficiente, que es necesario generar un clima cordial en el contexto de la consulta y guiar al paciente en el sentido de ser un agente activo de su propia curación.
No había paciente, que al retirarse de su consultorio, se llevara, junto con su afectuoso saludo un “Ud va a andar muy bien”. Homeópatas contemporáneos a Paschero sentenciaban: lo que curó al paciente fue el “remedio médico” o lo curó “Paschero a la 10 Mil”. Pero lejos de restar méritos a la actitud de Paschero, se lo estaba sindicando como un médico completo y conocedor de la inmensa importancia de la relación médico-paciente. Jorge Carvajal, padre de una nueva medicina de síntesis, la sintergética, sostiene que lo que cura es nuestro campo de energía. Eduard Whitmon en el mismo sentido, en su trabajo sobre “Salud y enfermedad” escribe: “Cuando dos o más campos interactúan, las áreas de resonancia o similitud se influencian una a la otra. El campo más débil será dominado y dirigido por el más fuerte.”

Si bien podemos dar testimonio de curaciones espectaculares con el remedio homeopático en muchos casos de niños pequeños, animales o enfermos mentales, no es menos cierto, que factores asociados al remedio, actúan sinérgicamente, potenciando su efecto. No cabe duda, que si el paciente cree en la homeopatía, el tratamiento será más efectivo. La energía sigue al pensamiento. Henry Ford dijo: “Si piensas que puedes o que no puedes siempre estarás en lo correcto.”

El acto sanador del terapeuta o la profunda acción del remedio simillimum constitucional, constituye la segunda etapa de un proceso de aprendizaje que se inició con la enfermedad. La enfermedad posee un sentido y un significado, es el verdadero maestro en la evolución del ser humano; es un mensaje que nos dice que nos hemos desviado de nuestro auténtico camino. El objetivo de la sanación es hacer que el enfermo conozca sus aspectos sombríos, para que los acepte como propios y los pueda expresar para ser seres humanos integrados. Para Joan Borysenko la sanación es el redescubrimiento de quienes somos y de quienes hemos sido siempre.
Así como el paciente, conciente o inconcientemente es en alto grado, responsable de su enfermedad, del mismo modo, debe participar activamente en el proceso de sanación. La mayoría de las veces serán necesarios cambios de hábitos, de estilo de vida, de actitud frente a la vida y de cambios en la visión del mundo. El cambio de actitud frente a la vida, será casi siempre, la condición necesaria para la sanación y sobretodo para sostenerla en el tiempo. En un trabajo de investigación llevado a cabo por Elmer y Alice Green, de la Clínica Menninger, se encontró que los pacientes que se curaron espontáneamente de cáncer, sólo tenían en común, haber cambiado sus actitudes antes de que ocurriera su remisión espontánea.

¿El efecto placebo?

Recientes estudios dan cuenta de hasta un 40 % de curaciones con efecto placebo. Tal vez, lo más significativo, es que mediante este efecto, se logra la curación de enfermedades para las que no existió tratamiento.
No menos importante es el efecto nocebo en la palabra autorizada del médico, que matando toda esperanza, sentencia a muerte al enfermo, al decirle, por ejemplo, que tiene seis meses de vida, acelerando el proceso de enfermedad o impidiendo su recuperación.
Prestigiosos autores desde distintas áreas de la medicina, reducen el mérito de la homeopatía al efecto placebo, como si éste fuera el único elemento involucrado en la curación. Fritjof Capra escribe en su libro El punto Crucial: “La entrevista homeopática se parece a una sesión intensiva como las realizadas por Jung. De hecho estaría tentado a preguntarme, si la repercusión crucial de la terapia homeopática, no será la que existe entre el paciente y el homeópata y el remedio sólo un recurso”. Es importante destacar que el efecto placebo, se da en todas las especialidades, incluso en cirugía.
Otros autores hablan del efecto placebo, como si este fuera un engaño a los pacientes, desconociendo que en ese efecto están involucrados la expectativa positiva del paciente y la interacción con el terapeuta, en la que entran la fe en el médico y en el tratamiento.

Tratamiento Sintomático vs Tratamiento de la Totalidad

No todo homeópata unicista tiene en cuenta la totalidad de los síntomas o jerarquiza el cuadro para dirigir su terapéutica a núcleos energéticos profundos donde reside la causa de la enfermedad. Paradojalmente autores de otros campos de la medicina advierten sobre la ineficacia o la inconveniencia del tratamiento sintomático o parcial al enfermo. Maimónides escribió: “El médico no debe tratar la enfermedad sino al paciente que la sufre”. Jorge Carvajal alerta sobre el tratamiento de casos de lumbago con magnetoterapia, cuando lo que debe tratarse está en un nivel más profundo como es el sistema límbico o los focos de Hammer. También sostiene, en relación al tratamiento con flores que “dar sauce para la tristeza es quitarle al paciente el maestro que significa la tristeza necesaria para evolucionar, es decir es hacer tratamiento alopático. Hay que transformar la emoción, no suprimirla”
Don Campbel, autor del conocido libro “El efecto Mozart” escribió:

La música mejora la ansiedad, el dolor, la soledad, pero no existen recetas para síntomas, por ejemplo cierto concierto de Mozart, diez minutos dos veces por día. El efecto Mozart cura, pero no se presta para recetas. El poder curativo varía de acuerdo a la composición de los intérpretes, la persona oyente, la postura y otros factores. En lugar de concentrarme en síntomas y trastornos, he tratado de dar importancia al tratamiento de la persona total.

Dos palabras claves en homeopatía son unidad y totalidad. El símbolo fundamental de la totalidad es el mandala. Y el más abarcativo y totalizante de los mandalas es la cruz dentro del círculo (Cruz Orlada). El Círculo simboliza el cielo, el infinito, lo amorfo, lo absoluto, la unidad, la perfección. La Cruz representa lo finito, la forma y la materia. Esta simbología nos remite a la “cuadratura del círculo”, enigma de los antiguos que consiste en transformar lo infinito en finito, el Cielo en la Tierra. Según las leyes del mandala hay un centro y una periferia o distintas periferias concéntricas. El centro y la periferia son lo mismo, sólo que en otro estado. Hay un despliegue de un centro en una periferia y lo que en el centro está implicado en la periferia está desplegado.
El drama del ser humano, el origen de la enfermedad, está en la separación, en la división y en la fragmentación de las distintas energías que componen su sistema energético. Si bien todos los medicamentos de la materia médica presentan esta problemática, el que más claramente lo expresa es Thuja cuyo desequilibrio lo lleva a dividirse en todos los niveles, bifurcando el pelo, su chorro miccional, provocándole la sensación de ser doble, o que el alma se separa de su cuerpo y como reacción, la búsqueda de la perfección, caminando en círculo o buscando en actitud mística disolverse en la neptuniana totalidad, escuchando música sacra o clásica.

Si pudiéramos percibir, mediante algún método, la totalidad energética implicada en el centro del mandala del sistema energético del ser humano, estaríamos en condiciones de prescribir el remedio más completo, abarcativo y profundo para el enfermo. Pero a la altura de nuestra evolución, debemos conformarnos trabajando con las correspondencias mentales de ese núcleo energético. Decíamos anteriormente que en el mandala hay múltiples periferias concéntricas y la más próxima al centro y por lo tanto la más jerárquica a la que tenemos acceso como homeópatas, es la que corresponde al plano de los síntomas mentales. Kent en su libro Filosofía Homeopática escribió:

Hahnemann se sirvió de los conocimientos que él había adquirido por este procedimiento, cuando declaró que la mentalidad es la clave del hombre. Los síntomas mentales han sido siempre considerados por sus discípulos como los más importantes del remedio, así como los de la enfermedad. La suma total del hombre se encuentra en su entendimiento y en su corazón, en lo que piensa y en lo que ama, y no hay nada más en el hombre.

Por su parte Eduard Whitmon señala que: “La reacción psicológica individual es la más expresiva y abarcativa de la totalidad del individuo”. En el mismo sentido, Paschero repetía incesantemente en sus clases: “La unidad del cuadro sintomático sólo se da en lo psíquico”.

El tiempo y la salud

Cada vez son más los autores que dan importancia a la errónea concepción del tiempo como germen de enfermedad.
En su libro Tiempo, espacio y medicina, Larry Dosey describe la “enfermedad de la prisa” cuyos síntomas fundamentales son el exceso de ambición y la necesidad de cumplir. Estas características se acompañan de hipertensión e hipercolesterolemia, factores que pueden desembocar en un ataque cardíaco. Para este autor, este cuadro especialmente y “la mayoría de las enfermedades, pueden deberse en todo o en parte a nuestra errónea percepción del tiempo […] al percibirlo como un flujo lineal, unidireccional”.
Eugenio Carutti en “El hombre como sistema energético” dice que la idea de tiempo lineal que tenemos, produce una distorsión en la dirección de la energía. El movimiento energético es circular y en espiral. Agrega que, si la vida de uno no está ordenada en todo sentido por este movimiento, se produce una gran pérdida de energía, ocasionando deterioros profundos y enfermedad.

Acerca de la sanación

Independientemente de la intención y de la técnica que se emplee en la sanación, las condiciones indispensables de cualquier sanador, son ciertas capacidades energéticas propias que le permitan ser canal de energías cósmicas curativas y la empatía y compasión que lo hagan entrar en resonancia con el paciente. El denominador común que subyace en toda sanación es el amor. Sin amor la sanación no es completa ni verdadera. En la llamada 166 del parágrafo 288 del Organón, Hahnemann destaca la gran bondad, la abnegación y filantropía de magnetizadores (sanadores) a quienes había conocido personalmente.
En los resultados de la sanación intervienen en gran medida, la confianza del enfermo en su propio poder autosanador y en la confianza que deposita en el poder sanador del terapeuta. También intervienen la voluntad profunda de curarse ligado al deseo de seguir disfrutando de la vida y la capacidad de aprender la lección de la enfermedad para implementar los necesarios cambios de actitud frente a la vida.

La sanación mediante imaginería o visualización no siempre es profunda o completa. El Dr Simonton relata la curación de un caso de cáncer de laringe con visualización. Tiempo después el mismo paciente lo consulta por artritis, curándolo con la misma técnica. Podemos ver aquí la sanación parcial o la curación dirigida a la enfermedad. No siempre la desaparición de un síntoma o una enfermedad significa una verdadera sanación. Y al contrario, la sanación no siempre implica evitar la muerte o prolongar la vida, ya que la verdadera sanación va más alla de los síntomas.
No existe ninguna medicina que sea una panacea, tampoco lo es la sanación. Hay casos en que es imposible curar al paciente porque su enfermedad es irreversible o terminal, pero sí puede ser sanado emocional y espiritualmente alejándolo del sufrimiento.

Bibliografía:

R. Carlson y B.Shield. (1994) Espíritu y Salud, Nuevas vías de curación. Ed Kairós. España.

Hahnemann, S. (1967). Organón de la Medicina. Ed. Marite. Argentina.

Kent, J. T. (1926). Filosofía homeopática. Ed. Bailly-Bailliere. España.

Tomás P. Paschero.(1983). Homeopatía. Buenos Aires. El Ateneo.

Thorwald Dethlefsen. (1990) Vida y destino humano. Edaf. España.

Thorwald Dethlefsen. (1993). La enfermedad como camino. Ed. Paza & Janés.

Betancourt, D. (1985). Vengo a sanar, Guatemala. Ed. Tierra Nueva.

Eugenio Carutti.(2000) Ascendentes. Buenos Aires. Ed. Casa XI.

Eugenio Carutti. El hombre como sistema energético. Buenos Aires. Ed. Casa XI.

Whitmon, E. Salud y enfermedad

Larry Dosey. (1986). Tiempo, espacio y medicina. Ed Kairós. España.

Don Campbell. (1998). El efecto Mozart. España.

Fritjof Capra. (1982). El punto crucial. Ed. Troquel. Argentina.

Jorge Carvajal.(2000) Apuntes de Sintergética. Curso dictado en Buenos Aires

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