Homeopatía

La Curación

Autor: Luis Detinis.

El tema curación es—en Homeopatía—tan abarcativo, que incluye al diagnóstico: hablamos de diagnóstico-terapéutico. Si diagnosticamos en el paciente Calcarea Carbónica, entonces el tratamiento será Calcarea Carbónica.

Para Hahnemann, curar es restablecer la salud (Par. 1 del Organón). Este concepto de curación se enmarca dentro del Vitalismo. El Vitalismo, aun desde antes de Hipócrates considera que la curación se consigue mediante el restablecimiento de la salud en oposición al Mecanisismo u Organicismo, movimiento filosófico promovido por Galeno, que sostiene que la curación, se logra mediante el combate de los síntomas: antipiréticos para la fiebre, analgésicos para el dolor, astringentes para la diarrea, etc. En la actualidad el organisismo incluye también la terapéutica reparatoria como los trasplantes o remplazo de órganos.

En el Parágrafo 2, Hahnemann señala que la curación debe ser de manera rápida, suave y duradera. Conviene aclarar aquí que en algunas traducciones del Organón se emplea erróneamente la palabra permanente en lugar de duradera. Palabras ambas con distinto contenido conceptual. Permanente significa definitivo, inmutable. De manera tal que el paciente una vez curado no debería requerir de un nuevo tratamiento hasta su muerte natural. En cambio, duradera, sugiere la posibilidad de volver a enfermar en algún momento de la vida. Estas diferencias conceptuales nos servirán para considerar cuál es la profundidad que se consigue con tratamiento homeopático y si lo que se cura es la susceptibilidad a enfermar. En este mismo parágrafo, Hahnemann habla de destruir la enfermedad. Tal vez este no sea un término adecuado, ya que no se corresponde con el Vitalismo ni con el espíritu que surge de toda la obra de Hahnemann.

El Parágrafo 3, trata sobre la técnica del tratamiento homeopático y al final señala la importancia de conocer los obstáculos a la curación. Con respecto a los obstáculos, y avanzado para su época, el Parágrafo 77 alude a los hoy denominados factores de riesgo: la mala alimentación, el sedentarismo y el estrés. Y si bien para Hahnemann, los cuadros producidos por estos factores, no forman parte de las enfermedades crónicas, tienen gran importancia, ya que sin su remoción, no se logrará la curación.

En el Parágrafo 252 es taxativo: si el remedio mejor elegido no produce mejoría, esto se debe a un erróneo modo de vida o a la situación en la que está colocado el paciente. En los Parágrafos 259, 260 y 261, insiste en la importancia de los obstáculos a la curación. No hemos de olvidar que Hahnemann antes de crear la Homeopatía, había escrito numerosos artículos sobre higiene y dietética. A sus pacientes, les desaconsejaba el consumo de carne vacuna y de cerdo y les prohibía el tabaco, el té y el café. Además les indicaba caminatas diarias al aire libre.

Hahnemann menciona el miasma drogal, producido por los medicamentos alopáticos. ¿Qué podríamos decir hoy—no sólo de los fármacos—sino también de la polución ambiental, el bombardeo de ondas de radiofrecuencia, los pollos con contenido de anabólicos, antibióticos, hormonas y vacunas; y, de las sustancias tóxicas de los alimentos procesados, tales como los aditivos que son bioacumulables?

Paschero escribió: “Las transgresiones a las leyes naturales producen síntomas espurios que muchas veces se corrigen con una rectificación higiénica, naturista y moral”.

Para comprender la finalidad y el alcance de la curación hemos de considerar los conceptos y definiciones de salud y enfermedad.

Una definición antigua y limitada de la medicina sobre la salud era: Estado en el que el ser orgánico ejerce sus funciones normalmente. La OMS nos brinda una definición más completa: Es el completo estado de bienestar físico, psíquico y social, y no solamente ausencia de enfermedad. En mi opinión, esta definición es aun incompleta. Veamos otra y hagamos el análisis: La salud consiste en la paz interior y la armonía con la naturaleza y con los demás. Una de las acepciones de la palabra paz es buena armonía, de tal manera que paz interior sería lo mismo que decir: “armonía de las distintas partes del organismo”. Estas partes podrían ser las funciones y las sensaciones; cuerpo, alma y espíritu; voluntad, afectividad e inteligencia. Más adelante trataremos sobre estas partes del interior de la persona. Veamos antes la definición—a mi juicio—más completa y sintética: La salud es la relación armónica entre el microcosmos (que es el ser humano) y el macrocosmos (que es el universo).

La palabra armonía es clave para comprender en profundidad el concepto de salud. La armonía está dada por el orden natural, dimana de las leyes naturales. En la armonía encontramos la belleza. La armonía es la buena relación entre las partes. Se habla de la relación armónica entre las personas.

Udraka, el más grande curador hindú, contemporáneo de Jesús dijo:

Las leyes de la naturaleza son las leyes de la salud y el que vive de acuerdo a estas leyes nunca está enfermo. El que obedece estas leyes, mantiene el equilibrio en todas sus partes y así consigue la auténtica armonía; la armonía es salud y el desorden es enfermedad. Aquello que produce armonía en todas las partes del hombre es medicina y asegura la salud. Todo en la naturaleza ha sido hecho para proveer las necesidades del hombre; del mismo modo se puede encontrar todo en los secretos médicos. Lo que es medicina para uno, es veneno para otro; por eso un hombre se puede curar con aquello que mataría a otro hombre.

En el Parágrafo 9 del Organón, Hahnemann expresa en forma admirable el concepto de salud:

En el estado de salud, la fuerza vital (autocrática) que dinámicamente anima el cuerpo material (organismo), gobierna con poder ilimitado y conserva todas las partes del organismo en admirable y armoniosa operación vital, tanto respecto a las sensaciones como a las funciones, de modo que el espíritu dotado de razón que reside en nosotros, pueda emplear libremente estos instrumentos vivos y sanos para los más altos fines de nuestra existencia.

En este párrafo el maestro nos habla de la armonía de todas las partes del organismo. Señala la existencia del cuerpo, de la fuerza vital (que al decir de Kent es la vice-regente del alma) y del espíritu. Por lo que antecede, se deduce, que el espíritu no se enferma. Este parágrafo se comprende en toda su dimensión si recordamos lo que el maestro escribió en 1905 en su opúsculo: Esculapio en la balanza, cinco años antes de la aparición del Organón: ¡Oh hombre! ¡cuán noble es tu origen, cuán grande es tu destino, y cuán elevado el objeto de tu vida! ¿No estás destinado por medio de sensaciones que aseguran tu felicidad, de acciones que ensalzan tu dignidad, de conocimientos que abrazan el universo a aproximarte al Gran Espíritu que adoran los habitantes de los sistemas solares?

En este párrafo, Hahnemann nos dice sin ambages, que la finalidad de la vida y el destino trascendente del hombre es aproximarse a Dios, es decir religarse, que significa el reencuentro del hombre con su creador. Y la manera de lograrlo es mediante las sensaciones (afectividad, amor), las acciones (voluntad) y el conocimiento (inteligencia).

Desde estos tres focos: afectividad, voluntad e inteligencia, que constituyen la esencia del ser humano o Yo real, el espíritu dotado de razón, se relaciona con el Gran Espíritu.

Dijo Paschero: “Cumplir con los altos fines de la existencia es concientizar la relación metafísica con el todo y determinar su propia salvación como persona humana”.

Aquí Paschero menciona la palabra salvación y se introduce en la metafísica. De él es la frase que repitiera tantas veces en sus magistrales clases y en sus escritos: “La medicina no puede estar divorciada de la Religión, la Filosofía y la Metafísica”. Y si bien no se refiere a la Homeopatía sino a la medicina, genera por un lado, la crítica de algunos homeópatas que lo sindicaron de místico, y por otro, abre una discusión entre algunos de sus discípulos. Estos argumentan que si nos acercamos a la Homeopatía a través de la Filosofía o la Religión, no lograremos otra cosa que contaminación y confusión.

¿Qué es sanar?

Sanar y curar se emplean la mayoría de las veces como términos sinónimos, sin embargo, la etimología del latín establece diferencias. Sanar proviene de sanare que significa restablecer la salud; y curar, de curare, que significa ayudar, aplicar medicamentos.

La Homeopatía, enmarcada en el Vitalismo, cura y sana, ya que en todos los casos emplea medicamentos y restablece la salud, como lo señala Hahnemann en el Parágrafo 1 del Organón.

Según la tradición bíblica, cuando Jesús sanaba, colocaba al enfermo en su centro. Y estar en el centro, de acuerdo con muchos autores de oriente y occidente, no es otra cosa que encontrarse a sí mismo, saber cuál es su verdadera identidad. Es muy significativo que, intuitivamente, algunos pacientes en la consulta refieran no estar en su eje, no estar en su centro. Para estos autores, la enfermedad no es otra cosa que la alteración en la armónica circulación de las energías divinas a través del cuerpo y de la mente.

De acuerdo a este concepto, la sanación, consistiría en quitar las obstrucciones que impiden el libre funcionamiento de la energía. Las curaciones de Jesús, la de los sacerdotes del movimiento carismático, o las que se logran a través de la fe o de la oración, tal vez tengan origen en la apertura de un canal por donde circula esa energía divina a través del espíritu. Hay quienes dicen que las enfermedades así curadas son las espirituales. En realidad cualquier enfermedad puede ser curada mediante la sanación y el calificativo de “espirituales” es erróneo, ya que el espíritu no se enferma. La confusión proviene del hecho de que las enfermedades se curan desde el espíritu.

De acuerdo con Hahnemann en el Parágrafo 9 del Organón, no es el espíritu lo que se enferma.

Antonio Blay echa luz sobre este tema en su libro Creatividad y plenitud de vida:

Dios es el Ser, la Vida Absoluta, que se expresa en mi a través del yo. Por lo tanto en la medida en que yo soy yo y estoy abierto a Dios, a lo Absoluto, Realidad o cualquier otro nombre que se le quiera dar, en la medida en que yo consiga tener la conciencia de mi identidad profunda y abrirme a la fuente absoluta que es Dios, en esa misma medida funcionará en mi libremente la energía que proviene de esa fuente y podré resolver todas las cosas incluyendo los problemas de salud.

Concepto de salud y enfermedad desde el punto de vista de la metafísica y la religión

Todo ser vivo evoluciona, y la evolución se logra a través de procesos de aprendizaje. Y este aprendizaje se realiza mediante la solución de problemas. En el esoterismo se dice que el hombre tiene dos maneras de aprender: conscientemente, afrontando cada problema que se le presente, o de manera inconsciente al eludir y reprimir el problema. Y aprender de esta manera es hacerlo a través del sufrimiento.

Lo que a nosotros nos interesa como médicos es saber que es lo que quiere enseñar la enfermedad al paciente y qué es lo que el paciente no quiere aprender.

Lo que sigue es el resumen de estos conceptos extraídos del libro Vida y destino humano de Thorwald Dethlefsen:

La enfermedad es portadora de información. No existen enfermedades sin sentido. La enfermedad es socio en el camino de la evolución. El paso más importante y primordial del enfermo, consiste en estar en armonía con la enfermedad, en darle su consentimiento. Estar enfermo significa que el hombre ha caído fuera de un orden; quiere decir no vivir ya dentro de la ley.

Curarlo significa santificarlo, acercarlo a la salvación. La Homeopatía cura a través de información que lleva el medicamento homeopático, lo que produce la amplitud o expansión de la conciencia. La Homeopatía, con sus remedios, le aporta al enfermo (microcosmos) lo que le falta del macrocosmos de los reinos vegetal, mineral y animal. La Ley de Similitud es universal, de tal manera que trasciende el campo de la medicina. Es por eso que un depresivo necesita un cuarto negro y no colores vivos; o a alguien que perdió un familiar no se lo consuela con un chiste

un ejemplo similar da Kent en su Filosofía Homeopática:

Se trata de una mujer con un cuadro de melancolía por perder a su pareja. Si se la trata alopáticamente intentando animarla, se agravará. Pero con un tratamiento homeopático consistente en una enfermera que sea una buena actriz y que simule en el otro rincón la misma pena, curará su estado de melancolía.

Desde el punto de vista religioso, también podemos ver el cumplimiento de la ley de similitud. En el Paraíso el hombre tenía prohibido comer del árbol del conocimiento. La serpiente lo convenció de que comiera el fruto que le daba el conocimiento y conoció el bien y el mal. Así se separó de la Unidad, cayendo en la polaridad y el pecado. Se enfermó por el conocimiento y por el conocimiento (aprendizaje) se curará y retornará a la Unidad. El bastón de Esculapio es otro ejemplo simbólico de la similitud: la serpiente que descendiendo del árbol enfermó al hombre, es semejante a la serpiente que asciende por el bastón de Esculapio.

Dethlefsen escribe textualmente:

Jesús se transformó en redentor porque no evitó el sufrimiento, demostrando su poder y siguiendo la exhortación: “Bájate de la cruz si eres el Hijo de Dios”. Prefirió cargar con el sufrimiento, con el pecado del mundo. Se transformó en el médico de este mundo, haciéndose Dios similar (no igual) al hombre y hasta se transformó en el medicamento de este mundo. Desde entonces el cuerpo enfermo y la sangre vertida de Cristo han sido y son dados a los hombres como medicamento salvador, en muy altas potencias homeopáticas, ligadas a los portadores pan y vino.

¿Sólo la Homeopatía cura?

Para analizar el tema del epígrafe, quiero partir de un párrafo escrito por un conocido homeópata argentino:

La desaparición de la culpa, el abandono, la irresolución, la compasividad por medio de la psicoterapia da lugar a una supresión y posterior metástasis mórbida por la simple razón que la curación no ha partido de la fuerza vital.

Mi intención no es polemizar con este párrafo. Lo tomo simplemente porque me parece que plantea de manera extrema y por lo tanto más nítida, un problema real que es el de la supresión. La Homeopatía no es la Verdad. Verdaderas, por naturales, son las leyes de Similitud y Curación, cimiento y razón de ser de la Homeopatía. Para no correr el riesgo de la supresión, debemos subordinar la ley de Similitud a la ley de Curación. Recordemos que supresión no es la simple desaparición de los síntomas, implica además la metástasis mórbida o agravación del enfermo. La experiencia demuestra que se puede suprimir con alopatía, cirugía, psicoterapia, modelos de educación, simples friegas sobre erupciones en la piel, flores, acupuntura, incluso con Homeopatía. Por lo tanto, deberíamos estar atentos a la evolución de todos los enfermos y observar el cumplimiento de los postulados de la Ley de Curación.

La técnica más adecuada para evitar el riesgo de la supresión con el tratamiento homeopático, es medicar para la totalidad de los síntomas, teniendo en cuenta la historia biopatográfica del paciente.

Hechas estas consideraciones y volviendo al párrafo del colega, podemos afirmar que, el sólo hecho de actuar sobre la fuerza vital con medicamentos homeopáticos, no nos eximirá de suprimir. Y a la inversa, no actuar directamente sobre la fuerza vital con otros medios terapéuticos, no siempre implica una supresión. ¿Cuál es el mecanismo íntimo de las curaciones de Jesús, de los sacerdotes sanadores del movimiento carismático, o las curas a través de la fe, de la psicoterapia, la acupuntura, la Macrobiótica? Ya se ha hecho universal la frase de Florencio Escardó: “La verdadera medicina es la que cura”. No podemos como homeópatas arrogarnos la exclusividad de la curación. El propio Hahnemann en los parágrafos 288, 289 y 290 del Organón, reconoce la utilidad del magnetismo, fuerza curativa negada y desdeñada tan estúpidamente por una centuria, según los propios términos de Hahnemann. El Maestro señala la existencia de magnetizadores dotados de gran poder natural, capaces de curar úlceras antiguas, amaurosis, parálisis parcial, etc.

Como corolario, podríamos decir que lo menos importante es el nombre de la terapéutica que empleemos. Sólo importa el cumplimiento de la Ley de Curación.

El gran mérito de la Homeopatía es haber descubierto esta Ley insinuada por Hahnemann, enunciada por Hering y completada por Kent. Sus postulados son: Las enfermedades se curan de dentro hacia fuera, de arriba hacia abajo, los síntomas de la enfermedad se curan en el mismo orden y los episodios padecidos se curan en el orden inverso al de su aparición.

¿Interviene la curación en la evolución? ¿La verdadera curación, depende del autoconocimiento o de la evolución espiritual?

Para intentar responder a estas preguntas hemos de hacer un recorrido por las definiciones y conceptos de los términos y vamos a abordar el pensamiento de autores como Paschero, Antonio Blay, Abraham Maslow, Ken Wilber y otros. Estos autores se han dedicado especialmente al tema de la Autorrealización.

Todas las líneas de pensamiento están de acuerdo en que todo evoluciona en la naturaleza, la planta que se hace completa desde la semilla, el hombre desde la unión de los gametos. Las diferencias aparecen cuando buscamos el sentido o la finalidad de la evolución en el ser humano, teniendo en cuenta que además de un cuerpo, posee alma y espíritu. Como ya hemos visto, para Hahnemann, el objeto de la vida es aproximarnos con nuestro espíritu dotado de razón, al Gran Espíritu que adoran los habitantes de los sistemas solares. Para Paschero, la meta del hombre es religarse con el Todo, con lo Absoluto. Mientras que para Blay debemos llegar desde nuestro centro que es la consciencia del Yo-Dios al centro coordinador supremo, es decir a Dios. Dethlefsen escribió: “Solamente a partir de la sapiencia de su origen el hombre puede reconocer su meta. La meta es la perfección. La perfección es la expresión de la Unidad. La Unidad la llamamos Dios”.

¿Pero cómo es que llegamos a esa meta? En realidad, para nosotros los mortales, la meta es el camino, y este camino posee varios tramos, el primero, es la satisfacción de nuestras necesidades básicas, el segundo, la autorrealización, a la cual se accede mediante el autoconocimiento y el tercero es la evolución espiritual.

¿Cuál es el papel de la curación en la evolución del hombre? Desde la Homeopatía podremos ayudar al paciente a resolver la manera de satisfacer algunas de sus necesidades básicas y contribuir a descubrir su verdadera esencia, su verdadero Yo, tapado, ocultado y bloqueado por el personaje que está representando en la vida. Este personaje es el medicamento homeopático que el paciente padece. Cuando decimos que tal persona es Lycopodium, nos estamos refiriendo a este personaje.

Las necesidades básicas, que deben ser satisfechas como condición para la autorrealización, no son sólo de orden fisiológico, existen también las psicológicas que provee el medio ambiente: seguridad, libertad, respeto, amor, etc.

La autorrealización es ser uno mismo al descubrir la propia identidad. Y conocer la identidad es saber quien es uno. La identidad es la verdadera esencia de la persona. Es lo que permanece inmutable a lo largo de toda la vida. La plenitud de la que tantas veces hablaba el maestro Paschero, no es otra cosa que la actualización del potencial del Yo auténtico. Y el Yo auténtico o Yo real está constituido por tres atributos, o tres focos irradiantes: la voluntad, la afectividad y la inteligencia. La voluntad también es energía y acción. La afectividad incluye el amor, la amistad, el sentimiento de belleza, de armonía, de adoración. Y la inteligencia comprende el discernimiento y la intuición.

Es importante destacar que uno no tiene voluntad, afectividad e inteligencia, uno es esas tres cualidades.

Para lograr el desarrollo o la expresión de esas tres cualidades, se necesita de estímulos externos, tales como conocimientos o afecto. Pero esto no nos desarrolla. Lo que nos desarrolla son las respuestas a esos estímulos. En otros términos la realización no se adquiere, se descubre. Por lo tanto, lo único que puede hacer cualquier educador, incluido el homeópata además de prescribir el simillimum, es insinuar, sugerir.

La autorrealización conduce al desarrollo de los talentos y al cumplimiento de la misión o destino y de la vocación.

Un aspecto importante, como vimos antes, cuando tratamos sobre la salud, consiste en la armonía que debe existir entre la voluntad, la afectividad y la inteligencia. Dice Blay:

Si falla la energía, la persona será víctima de la voluntad de los demás, si falla la afectividad, se hallará sola y aislada. Si falla la inteligencia, no le encontrará sentido a las cosas y el mundo será un laberinto.

Debe existir un equilibrio entre estas tres facultades, cada una de ellas debe estar al servicio de las otras dos, de tal manera que actúen sinérgicamente. Es un ejemplo, el profesor que usa su inteligencia y sus conocimientos poniendo amor a través de una relación amable y afectiva con los alumnos y al mismo tiempo, disponiendo de toda su energía y voluntad en el acto de enseñar. Ser talentoso o creativo, no es sinónimo de autorrealización, ni siquiera es una cualidad suficiente para hablar de una persona que se está autorrealizando. Un ejemplo lo tenemos en Van Gogh.

Además de la armonía entre esas tres facultades, es necesario que éstas circulen de dentro hacia fuera, como focos irradiantes de energía. Todo bloqueo a esta libre expresión provocará una supresión y con ello enfermedad. Maslow sostiene que “una habilidad, capacidad u órgano no utilizado, puede convertirse en un centro de enfermedad”.

Para comprender mejor los enunciados de Paschero sobre la autorrealización, voy a intentar resumir un esquema explicativo alrededor del cual gira gran parte de la obra de Antonio Blay.

Existen tres Yo. El Yo auténtico al que hicimos referencia, el Yo Idea y el Yo ideal.

El Yo auténtico, real, verdadero o genuino es el más profundo, es el trampolín para la evolución espiritual. Este Yo no cambia, no aumenta, no disminuye, permanece siempre igual e incluso trasciende a la persona. Es el Yo Superior.

El Yo Idea, es el que nos dicen nuestros padres que somos, es el Yo infantil, por ejemplo yo soy tonto, torpe, malo, vago o bien yo soy el más inteligente. Como homeópatas, podríamos agregar, además de lo adquirido por el medio ambiente, todos las características neuróticas o síntomas mentales congénitos o temperamentales.

Y por último el Yo Ideal que es el que uno quiere y busca ser. Es lo inverso del Yo idea ( yo agregaría que es una especie de compensación del Yo Idea): soy superior, soy muy inteligente o seré muy inteligente.

El Yo Idea coincide, en gran parte, con la sombra de C.G.Jung. La sombra son todas las facetas de la realidad que el individuo no reconoce o no quiere reconocer en sí y que, por consiguiente descarta. Y esto que descarta o rechaza lo proyecta al exterior, porque no lo ha resuelto en el interior. Por lo tanto la lucha interior se traslada al exterior. Esto explica porqué muchos moralistas terminan siendo libertinos, o quienes han criticado la educación rígida de sus padres terminan educando a sus hijos de la misma manera que lo hicieron con ellos. El rechazo o intolerancia a los fanfarrones, no es otra cosa que el rechazo o la lucha interna contra el fanfarrón que uno lleva dentro de sí tapado y soterrado dentro del inconsciente. La autorrealización consiste en resolver el Yo idea y el Yo ideal que juntos constituyen el Personaje que representamos en la vida. Y este personaje es el que impide la expresión de nuestro verdadero Yo.

La propia experiencia y la casuística de homeópatas de todos los tiempos y lugares demuestra que el remedio homeopático contribuye enormemente en el proceso de autorrealización. No menos importante es el autoconocimiento que permite descubrir el personaje que somos y que debemos transformar para acceder al Yo auténtico.

En esta exploración, se hace necesario superar la visión dual. No existen cualidades y defectos, como sostiene Blay, sólo existen cualidades que están desarrolladas en más o en menos. La misma definición de la palabra defecto, nos está indicando que se trata de una deficiencia. El procedimiento consiste en identificar el defecto, reconocerlo como propio, aceptarlo y transformarlo. Aceptarlo significa observarlo con objetividad, sin criticarlo ni rechazarlo. Aceptar es aprobar, dar por bueno. No es regodearse en el defecto, ni conformarse con él. Al defecto debemos comprenderlo vivenciándolo, experimentándolo. No se trata de entenderlo sólo intelectualmente. El síntoma denota una falta. El que está enfermo de orgullo es porque le falta la humildad, el que está enfermo de indiferencia afectiva es porque le falta el amor, el que está enfermo de egoísmo es porque le falta la generosidad. Maslow, psicólogo de gran experiencia clínica y autor reconocido universalmente, ha investigado cientos de casos de personas saludables llegando a la conclusión de que: “la naturaleza humana, es decir el ser intrínseco del hombre es bueno, promoral. El ansia de destrucción, el sadismo, la crueldad, la malicia, etc. no es la esencia del hombre, sino reacciones contra la frustración de nuestras necesidades intrínsecas, emociones y potencialidades”. Y agrega más adelante: “La maldad es en gran parte debilidad e ignorancia humanas que resultan perdonables, comprensibles y también curables”. Paschero repetía con frecuencia que la esencia del hombre siempre es buena.

Características de la persona sana según Maslow:

  1. Poseen una mayor aceptación de uno mismo, de los demás y de la naturaleza.
  2. Poseen mayor espontaneidad.
  3. Poseen mayor independencia y deseo de intimidad.
  4. Se observa un mejoramiento de las relaciones interpersonales.
  5. Tienen mayor creatividad.
  6. Disfrutan de la vida en general y no sólo de momentos de triunfo o de climax.
  7. Están menos necesitados de la alabanza, y del afecto de los demás.
  8. Buscan menos los honores, prestigio y recompensas.
  9. Son más generosos y altruistas.
  10. No juzgan, no condenan ni se desilusionan.

El papel del homeópata frente al paciente

Mediante el tratamiento homeopático, cuando tenemos la fortuna de prescribir el simillimum, podremos lograr cambios rápidos y profundos como tal vez no se logren con ninguna otra terapéutica. Para acceder a ese simillimum, en la mayoría de los casos, será necesario conocer la problemática afectiva del paciente.

Lo digno de curar en el enfermo, ha sido mal interpretado por algunos homeópatas, ya que reducen su significado a la curación de la perturbación de la fuerza vital. Para Paschero lo digno de curar es el conflicto vivencial básico, el sufrimiento afectivo del paciente. Si no movilizamos ese núcleo, el enfermo podrá mejorar, pero no lograremos una curación profunda. Esto no significa que el remedio debe estar dirigido a los síntomas de ese núcleo afectivo, sino que ellos nos servirán en el diagnóstico, para jerarquizar y posteriormente para evaluar la evolución. Con el remedio homeopático se corrige el desequilibrio de la fuerza vital y se cura la totalidad de los síntomas. Esto lleva a un estado de libertad interior, ya que los síntomas actuaban como ataduras para el proceso de realización personal y en algunos casos se observa un cambio de actitud vital frente a la vida, con una visión más clara, que permite iniciar un camino de evolución espiritual.

Paschero señalaba que el medicamento no era suficiente, que además, en el tratamiento, se debía conducir al paciente, sin embargo él no era conductista. No daba consejos, pero indagaba en el paciente sobre el trabajo, hobbies y vocación y lo inducía a que él mismo encontrara su vocación y su misión en la vida. No le decía cuál era el sentido de la vida, pero sí que buscara dentro de él mismo cuál era el sentido de su vida; y le trasmitía que la meta era tener una relación esencial con las personas y las cosas.

Las modernas técnicas de comunicación establecen que las palabras reales sólo tienen un efecto del 7%. El otro 93% consiste en el tono de voz, el lenguaje corporal, las actitudes corporales y otras energías. En el acto médico es inevitable generar en el paciente cierto grado de influencia. Esto exige de nosotros como homeópatas, evitar el tono paternalista y todo consejo o directivas que impliquen la transmisión de alguna ideología. Tal vez el paciente tenga un mayor nivel de consciencia o aspiraciones más elevadas que las nuestras. Lo más que podemos hacer, es ponerlo en el umbral de la evolución espiritual, eligiendo el mismo paciente, el camino o disciplinas de acuerdo con su esencia y su naturaleza. Si él lo desea lo hará a través de la Religión, la cábala, las enseñanzas secretas de las órdenes de la Masonería o Rosacruz, la metafísica, la filosofía, etc.

Todo esto no exime al médico su rol de consejero y educador en el campo de la salud.

En el Parágrafo 224 Hahnemann dice:

Hay síntomas mentales que son el resultado de la falta de educación, malos hábitos, corrupción moral, descuidos mentales, superstición o ignorancia. En estos casos se tratan y se atenúan con exhortaciones razonables y amistosas, argumentos consoladores, advertencias serias y consejos sensatos.

Y en los Parágrafos 225 y 226 señala que:

La ansiedad continua, las preocupaciones, vejaciones, injurias, temor o susto, con el tiempo destruyen la salud del cuerpo a menudo en alto grado. Se curan rápidamente si son recientes por medio de remedios psíquicos, tales como una demostración de confianza, exhortaciones amistosas, consejos sensatos y con una dieta y régimen apropiados.

Para finalizar transcribiré un párrafo de Paschero que sintetiza los conceptos vertidos en este trabajo:

La experiencia clínica vivida en la propia intimidad del médico revela que ningún enfermo se cura si no logra desbloquear, liberar y poner en ejercicio su voluntad de curación, de encontrarse a sí mismo, de responder a la exigencia profunda de saber quien es, de conocer el sentido de su vida, de hallar su paz interior, de cumplir con la necesidad instintiva de ir creciendo, desarrollando sus facultades, sus capacidades y su consciencia de ser.

Bibliografía


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