Miscelánea

Conócete a ti mismo

Autor: Luis Detinis.

Existe un doble sentido de la vida en el ser humano, uno genérico: el aprender; el otro: la misión que a cada uno le toca en la vida. En esta tarea, todos los seres que tenemos a nuestro alrededor nos ayudan a reconocer, aprovechar y transformar las facetas que debemos pulir.

Si aceptamos que el Gran Arquitecto del Universo es un Ser inteligente y que todo lo ha hecho mejor que nosotros, debemos observar cómo funciona el Universo que es perfecto para evolucionar como él. De lo contrario, seguiremos esclavos de nuestros defectos. Me detengo aquí, para destacar, que defecto es una cualidad que nos falta, una imperfección y no una mancha o pecado monstruoso contra el que hay que luchar. En términos médicos podríamos hablar de síntomas que deben ser curados.

A ninguno se nos escapa, que el perfeccionamiento, se logra a través del desarrollo del principio del Amor, la alimentación sana, el respeto total por la vida animal, la tolerancia, la templanza, la paciencia, el valor, la caridad, etc. En esta tarea no cabe el orgullo, la vanidad, el egoísmo, la ambición de poder, fama o fortuna, el rencor, la envidia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, etc.

Considerando a estas pasiones negativas o defectos como verdaderos escollos para lograr la autorrealización y evolución espiritual, debemos poner toda nuestra energía y voluntad para identificarlos, reconocerlos, aceptarlos y transformarlos. Tomemos por ejemplo el egoísmo. Esta es una de las más bajas pasiones. El egoísta sólo piensa en sí mismo; sólo se interesa en sus necesidades y su bienestar y al mismo tiempo descuida los intereses de los demás. La mayor dificultad del egoísta es compartir, no puede dar nada de sí, ni siquiera su tiempo que sólo ocupa en sus cosas. También es egoísta el ventajista, quien procura sacar ventaja aun perjudicando a los demás. Suele ser interesado y calculador. Muchas veces el egoísmo está asociado a la egolatría.

Considerar al egoísmo como una característica normal del ser humano, constituye un grave error. Por una parte el egoísmo impide el desarrollo de la fraternidad, del amor, de la compasión, del altruismo y de la caridad. Por otra parte revela un profundo estado de enfermedad. Uno de los postulados de la Ley natural de curación establece que la dirección de la cura es centrífuga, los síntomas se trasladan desde el centro a la periferia, de los órganos nobles y vitales a la piel y en el aspecto psicológico, del `yo’ al `tu’, desde una actitud egoísta, infantil, dependiente y captativa a otra altruista, adulta, independiente y dativa.

El síntoma denota una falta, un defecto. El que está enfermo de orgullo es porque le falta la humildad, el que está enfermo de indiferencia afectiva es porque le falta el amor. De esta manera el síntoma no es un enemigo al que hay que tratar de destruir, sino un aliado que puede ayudar a encontrar lo que falta y así resolver la enfermedad. La curación significa que el ser humano se hace más completo, más perfecto, significa un aumento de la plenitud de la consciencia.

Una vez conocido el Yo podremos acceder al conocimiento del Ser o Mente Universal. De acuerdo con los auténticos maestros de todos los tiempos y de todas las disciplinas y religiones que han alcanzado la Iluminación, el Ser, es lo que nos permite vivir con un sentimiento de Unidad y en comunión con todos los seres y con Dios: Conócete a ti mismo y conocerás a Dios.

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