Epilepsia y homeopatía

Autores: Dres Eugenio Candegabe y Julio Soler.

A continuación se presenta un trabajo sobre epilepsia y homeopatía de los Dres Eugenio Candegabe y Julio Soler presentado en un congreso de Neurología en Mar del Plata en el año 1964. El profesor y eminente médico pediatra Florencio Escardó, quien fuera Decano de la Facultad de Medicina y Vice-Rector de la UBA, invitó a Candegabe y Soler a realizar una experiencia en la sala 17 del Hospital de Niños, con 30 pacientes epilépticos, resistentes a la medicación alopática. Se logró la curación en 23 niños (76 % de los casos) y mejoría en el resto. El costo del tratamiento resultó ser diez veces inferior al que venían realizando con los medicamentos alopáticos. Otro dato significativo es que en siete de los casos tratados, la vacunación precedió a la aparición de la epilepsia.

Treinta casos de epilepsia y su tratamiento homeopático:

Dentro del campo de la patología neuropsiquiátrica, la Epilepsia infantil, es una afección en la que el tratamiento permite un control clínico y electroencefalográfico de cierta exactitud; las crisis se producen o no, el E.E.G. persiste alterado o se normaliza.La Epilepsia es un modo de reacción particular del Sistema Nervioso, en cualquiera de sus formas neurovegetativa, motora, sensitiva o psicosocial. Los síntomas consisten en descargas paroxísticas funcionales o en menor frecuencia en claudicaciones, pero lo más importante, es que este modo de reacción hace a un niño epiléptico, cuando se convierte en una habitual expresión de su personalidad psicosomática. De manera que, en última instancia, es la Historia biopatográfica la que pondrá el rótulo de Epilepsia a un enfermito. Nace así el término de NEUROFILIA con el que se pretende explicar una labilidad especial del S.N. para sufrir los efectos de distintas causales. Diferentes noxas actuando sobre esa neurofilia desencadenarían la epilepsia. De manera que por definición toda epilepsia idiopática sería genética o constitucional.

En el terreno eminentemente práctico, es necesario terminar con el error de que la crisis convulsiva es la única expresión de la epilepsia en el niño; y no solo no lo es, sino que por adición es muy tardía. Cuando la convulsión aparece, el intervalo anterior no es libre. En éste pudo haber llanto o insomnio prolongados, cólicos o diarreas, crisis de sudoración, hipertermias, jaquecas, falso crup, asma, urticarias, etc.; hasta que por fin la convulsión pone el sello a la historia biopatográfica del pequeño. Todo homeópata sabe que la supresión de éstos y muchos otro síntomas, por los que el organismo mantiene su equilibrio dinámico, puede inducir a la introyección del morbo, desencadenando enfermedades insospechadas.

Este razonamiento nos lleva a la necesidad de saber qué es lo que hay que curar en cada enfermo, para promover su curación o mejoría.

Por esa razón se eligió esta enfermedad de tantos matices, para demostrar la eficacia terapeútica del remedio simillinum en la corrección del terreno mórbido o de su forma de expresión. Hemos tratado durante seis años 46 niños epilépticos en la Sala Cátedra 17 del Hospital de Niños, dirigida por el profesor Florencio Escardó, aceptando una invitación del mismo.

Los pequeños nos fueron enviados estudiados exhaustivamente desde el punto de vista alopático, con exámenes clínicos, de laboratorio, psicosociales, y E.E.Gráficos. La mayoría no había respondido a la medicación anticonvulsiva.

A la historia clínica aportada agregamos la repertorización homeopática dando jerarquía a los síntomas constitucionales, mentales y peculiares, prescindiendo en todos los casos de los síntomas locales referidos a las convulsiones.

Del total de enfermos se pudo realizar el estudio completo de 30, en base a los cuales se expone el presente trabajo.

Se administró un solo medicamento por vez, prosiguiéndose luego con P. diario. Los remedios fueron provistos sin rótulos, ignorando los padres de los pacientes que se trataba de medicación homeopática. Nunca se repitió un remedio antes del mes y en muchos casos transcurrieron varios meses antes de hacerlo. La dinamización inicial, en los casos sin tratamiento anticonvulsivo previo, fue la 200, la que sólo fue elevada cuando los resultados clínicos así lo exigieron llegándose en algunos casos a la 50 M. En los pacientes ya tratados la experiencia enseñó a no suprimir de golpe los anticonvulsivos, sino indicar la disminución progresiva durante la cual se fue dando la medicación homeopática a la 6 ó 30 con alguna frecuencia.

Se completó el tratamiento con indicaciones orientadas a lograr el equilibrio en las relaciones de la familia con el pequeño. Se inculcó la noción de que la epilepsia es una enfermedad curable o controlable, que las crisis pasan solas, que lo mejor es no hacer nada en ese momento, solo protegerlo de golpes y de las mordeduras de la lengua. Se insistió en que se lo trate como a un niño normal, sin sobreprotegerlo obsesivamente, para no convertirlo en un inválido, vigilándolo en los deportes o lugares de peligro, sin que se de cuenta de ello. Se particularizó mucho en corregir errores dietéticos y hábitos de vida. Con respecto a las enfermedades intercurrentes fueron en general respetadas y tratadas con dieta, reposo e hidroterapia. Se cuidó mucho en respetar la fiebre, instruyendo al respecto a los padres y destruyendo el fantasma de la misma, como causa de las convulsiones. En algunos casos se la mitigó con baños y compresas. Se prohibió la vacunación antivariólica y antipolio inyectable pues en cinco casos existían fuertes sospechas de esas vacunaciones como desencadenantes de las crisis.

Resultado del tratamiento: Aún cuando cada caso es único e inédito, es necesario y útil establecer una casuística que nos permita comparar los resultados con los obtenidos por la terapia alopática.

El Centro Mundial de Epilepsias publicó la siguiente estadística: “el 1% de la población puede ser epiléptica y el 10% puede presentar características propias de la enfermedad, aún cuando no se concreten sus síntomas”.Con respecto a los niños epilépticos tratados se obtiene los siguientes resultados al cabo de cinco años de tratamiento: “el 50% se cura clínicamente , con normalización o no del E.E.G; el 40 % debe continuar tratamiento anticonvulsivo toda la vida para controlar las crisis y el 10% restante es rebelde a toda modificación”.

Advertimos que aca no se tiene en cuenta la iatrogenia secundaria producida por los anticonvulsivos en muchos casos, como intoxicación, alergia, perturbación de la conducta y escolaridad; así como las enfermedades agregadas, alternantes o equivalentes a la epilepsia. A esto hay que agregar el costo económico del tratamiento, que se considera elevado.

Pues bien: el resultado obtenido con la terapia homeopática es sensiblemente superior: de los 30 casos estudiados, cuya edad osciló entre 1 año y 3 meses y 14 años, se obtuvo el siguiente resultado, a los dos años un mes promedio de tratamiento, no modificándose estas cifras aún 15 años después para varios casos que tenemos oportunidad de seguir viendo: curación clínica 23 niños (76,6%) de los cuales 13 (43,3%) normalizaron su E.E.G. y 10 (33,3%) solo lo mejoraron, quedando esta alteración como única manifestación de su neurofilia. En cuanto al resto de 7 (23,3%) experimentaron sólo mejoría general y menor severidad en las crisis, permaneciendo anormal su E.E.G. Nos resta agregar que el costo económico del tratamiento se estimó en la décima parte del anterior.

Resulta superfluo destacar, que los casos curados clínicamente lo fueron en sentido integral, con normalización de su dinamia psicosomática, respetando en todo momento la Ley de Curación Natural.

Dado el carácter experimental del trabajo y el respeto que se tuvo de la acción de cada medicamento, estamos en condiciones de precisar con relativa seguridad, el remedio que produjo la curación en los 23 casos: Silicea (7); Sulphur (6); (4) Hepar Sulphur (2); Cuprun (1); Medorrhinum (1); T.K (1); Pulsatilla (1). En algunos casos se usaron los nosodes T.K., Medorrhinum y Luessinum y algún otro remedio en el tratamiento posterior del terreno.

Como corolario relataremos un caso de Sílicea demostrando el camino curioso que toma a veces la Ley de Curación. Una niña de 13 años, hija única que sufre desde los 9 años de Pequeño Mal, con ausencias diarias disminuidas a 2 ó 3 por semana por la toma desde hace un año de Fenobarbital, que le produce excitabilidad general. Los E.E.G. indican:”síndrome comicial de tipo esencial constitucional”. Todos los estudios restantes son absolutamente negativos así como los antecedentes familiares. Entre los personales sólo un marcado, insomnio el 1er. Año de vida.

Abril/57: inicia tratamiento homeopático. Se repertoriza: tímida, alegre, mimosa, calurosa, deseos de aire libre, deseos de sal: Pulsatilla 200 y P. Se suprime Luminal.

Nov/57: viajó a España, mejoró los dos primeros meses. Recidivan las ausencias: Pulsatilla M.

Enero/58: Mejoría clínica estacionada: Pulsatilla 10M.

Febr./58: Sin cambios: P.

Abril/58: Sin cambios. Menarca normal: Puls. 10 M.

Junio/58: Agravación de las ausencias. Aparecen vértigos. Carácter melancólico; se vuelve muy religiosa. Rehusa compañía masculina: Conium 200

Agost/58: Siguen las ausencias. Se vuelve friolenta. Hay faltas menstruales. Exige por miedo compañía continua de la madre. Aversión a la leche: Silicea M.

Oct./58: Luego de tomar Silicea tuvo un gran vértigo y desde entonces desaparecen las ausencias y muestra un cambio completo del carácter. La madre solicita que se le receten baños astringentes para una profusa y fétida transpiración de pies que tuviera
desde chica, hasta los nueves años, en que con baños recetados fue suprimida antes de la aparición del Pequeño Mal. Se instruye a la paciente y a su madre respecto a ese síntoma y se indica P.

Nov./58: Muy bien. Continúa la bromhidrosis. Aparece una verruga plana en antebrazo: P.
Abril/59: Continú bromhidrosis y verruga: Silicea M.

Jun./59: Sin cambio: Silicea 10 M.

Nov./59: Salen más verrugas: Silicea 10 M.

Marzo/60: Sin cambios: P.

Set./60: Desaparece bormhidrosis y verrugas: Sulphur 200

Oct./60:Muy bien: P.

Marzo/61: Muy bien. Atrasos menstruales. Está de novia. T.K.M.

Dic./65: Sin trastornos, se casó y tiene un bebé normal.

Esta historia clínica es un claro ejemplo de la Psora como enfermedad fundamental sustentando el terreno neurofílico de la paciente. Produce la primera perturbación, en el sueño, en el primer año de vida. Logrado un equilibrio inestable, pero equilibrio al fin por la bromhidrosis, es brutalmente introyectada, alterando profundamente la dinámica vital. Finalmente Silicea, como el Simillimum, restablece al comienzo, un equilibrio precario, que se hace estable con la remoción del fondo sicótico a través de las verrugas.

Para finalizar solo queremos expresar nuestra satisfacción por los resultados obtenidos y nuestro agradecimiento al Profesor Escardó por la oportunidad que nos brindara.

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